procrastinarCualquier persona puede procrastinar: jóvenes o mayores, ocupadas u ociosas.

El hábito de procrastinar o postergar es un mecanismo de defensa ante el miedo y la angustia. No debe confundirse con priorizar (dar un cierto orden cronológico y de importancia a las tareas), ya que procrastinar supone no hacerlas de forma indefinida.

Según la Real Academia de la Lengua, postergar es “hacer sufrir atraso, dejar atrasado algo, ya sea respecto del lugar que debe ocupar, ya del tiempo en que había de tener su efecto”.

Hay que dejar claro que no postergamos en todos los aspectos de nuestras vidas, sólo en algunos, pero cambiar el hábito de postergar en una persona es un proceso gradual que lleva su tiempo. Todos lo hacemos en algún momento, pero la diferencia entre una procrastinación inofensiva o no estriba en los problemas que nos pueda acarrear.

¿Por qué postergamos?

Algunos postergadores encuentran en la niñez un “atractivo” en la postergación por “incumplir las reglas”, o como método de evitar problemas o el “desafío” de hacer todo a último momento.

Pensamientos comunes cuando se posterga

  • “Comenzaré temprano esta vez”. Al principio, se muestran esperanzados de que esta vez el trabajo se hará de manera efectiva y sensata. Pero transcurrido cierto tiempo, la esperanza se transforma en temor
  • “Tengo que comenzar pronto”. Las ilusiones de realizar el proyecto bien se van desvaneciendo. Los postergadores se sienten ahora empujados a hacer un esfuerzo para hacer algo pronto
  • “¿Qué ocurre si no empiezo?” El tiempo transcurre y el postergador comienza a imaginar consecuencias nefastas si no empieza a trabajar, lo que puede convertirse en un bucle que acabe paralizándolo
  • “Debí haber comenzado antes”. Aparece la culpa, acompañante permanente del postergador, que es consciente de que el tiempo es irrecuperable
  • “No puedo disfrutar de nada”. Busca distraerse con actividades placenteras: cine, amigos, televisión, ordenador… aunque el proyecto pendiente siempre está presente, lo que provoca malestar
  • “Espero que nadie se dé cuenta”. En este momento puede aparecer la vergüenza y se inventan maneras de ocultar la inactividad y parecer ocupado. Mentiras en muchos casos muy elaboradas que se añaden al sentimiento de culpa
  • “No estoy bien”. El postergador comienza a desesperarse y siente que le faltan dosis de autodisciplina, coraje o inteligencia que el resto de personas sí tienen

Una vez atravesadas todas estas fases, llega un momento en el que el postergador tiene que decidir dar el paso definitivo entre abandonar un proyecto que ya no tiene solución; o intentar un último y denodado esfuerzo por salvar el trabajo.

En el caso de que decida no consumar el trabajo, los pensamientos del postergador pueden variar entre que la tarea ya era irrealizable en tan poco tiempo, o pensar que no existe motivo para preocuparse y que ya no tenía sentido trabajar tan arduamente.

Por el contrario, puede decidir ponerse manos a la obra porque es consciente de que ya no puede demorar más la tarea y ocurrir que descubra que el desafío no era tan duro como pensaba, y sentir un gran alivio por haberse puesto a ello, o que simplemente se proponga acabar el trabajo “como sea”, independientemente de la calidad del resultado.

Una vez acabado su cometido, el mensaje del postergador siempre es el mismo: “¡Nunca más postergaré mis cosas!”. Y se hace firmes promesas para no volver a quedar atrapado en el ciclo de nuevo. Buenos propósitos de organización y disciplina… hasta la próxima vez.

Pensamientos irracionales del postergador

  • “Debo ser perfecto”
  • “Todo lo que haga debe resultar fácil y no acarrearme esfuerzo”
  • “Es más seguro no hacer nada que asumir un riesgo y fracasar”
  • “Si las cosas no se hacen bien, no vale la pena hacerlas”
  • “Debo evitar desafíos”
  • “Si tengo éxito, alguien puede salir lastimado”
  • “El cumplir las normas de otra persona significa rendirse y no tener autocontrol”
  • “Si me muestro tal cual soy, no voy a gustarle a la gente”

Estos pensamientos son fantasías que la postergación puede alimentar. La base es el miedo a que sus acciones los metan en problemas. La postergación es una estrategia que protege a la persona del miedo al fracaso o al éxito, e incluso del miedo a perder una batalla.

Miedo al fracaso o al éxito

Si piensa que debe ser perfecto, puede parecer mejor procrastinar antes que trabajar arduamente y poder fracasar. El temor está referido a ser juzgado por otros o a su propia autocrítica. Si se pregunta si podrá estar a la altura de las circunstancias, se trata de miedo al fracaso.

Este miedo está unido a la creencia de que lo que se hace es un fiel reflejo de la capacidad que se posee. “Mi grado de capacidad determina cuán valioso soy como persona”.

En cuanto al miedo al éxito, el psicólogo David Burns asegura que “aquellos que alcanzan metas muy elevadas no son comúnmente perfeccionistas tercos”. Imponerse modelos inalcanzables puede llevar al desánimo y a la frustración.

Si considera el éxito peligroso, puede protegerse a sí mismo y a los demás postergando y reduciendo sus posibilidades de triunfar. Si piensa que ser sobresaliente le puede llevar a consecuencias desagradables, estamos frente al miedo al éxito.

Para un perfeccionista hay creencias irracionales: la mediocridad genera desprecio; la excelencia llega sin esfuerzo. Si uno es sobresaliente, lo difícil debe ser fácil; todo debe hacerlo uno mismo, delegar es un signo de debilidad; hay un camino correcto y sólo uno.

En lugar de arriesgarse a tomar el camino equivocado, no se hace nada: “no puedo soportar perder”. Eso provoca que evite cualquier actividad que los haga competir con otros.

Riesgos personales: ¿por qué no debería triunfar?

El éxito puede ser visto como algo que debe evitarse. Convertirse en un adicto al trabajo es uno de los miedos más comunes. Hay un falso supuesto de que el éxito conduce a una pérdida de control y de elección en la vida de uno.

  • “Si yo triunfo lastimaré a otra persona”. Por ejemplo: la mujer que no triunfa para no tener ingresos superiores al marido
  • “El éxito no me corresponde”. Es un sentimiento de personas tímidas y de baja autoestima

El miedo a perder la batalla

Muchas personas postergan porque quieren sentir que tienen control sobre las cosas.

Hay quienes el mandato de sus superiores lo entienden como una intromisión. La postergación es una forma de resistir tal intrusión.

“Vencer al reloj”. Conducir una situación hasta sus límites y salir airoso produce en algunos postergadores una sensación gratificante. La excitación de coquetear con el peligro.

En personas preocupadas por el poder, el control y la autonomía se encuentra en común una situación familiar que no estimulaba el crecimiento de sus hijos. Ser independiente no era bien visto. Esta situación repetida en la infancia provoca en la vida adulta una resistencia pasiva. Las negativas nunca son directas ni frontales.

¿Se puede superar el hábito de procrastinar?

Para evitar procrastinar es importante hacerse listas de las tareas a realizar. También es interesante escribir otra lista con las “excusas” para posponer. Hay que marcarse metas factibles y alcanzarlas.

Una meta debe ser observable, incluir una acción (ej.: pediré hora) específica y ser concreta (cómo, cuándo, con quién) y alcanzable en pequeñas etapas (paso a paso)

Los postergadores tienen una relación particular con la variable tiempo. Lo consideran algo con lo que se puede jugar, tratando de burlarlo. Tienen “ilusiones” con el tiempo, esperan encontrar más de lo que realmente hay. Por ello también es recomendable hacerse un cronograma. Ubicar todas las actividades a lo largo de la semana para “objetivar” el tiempo y ver cuánto queda libre para dedicar a nuevos proyectos.

Otras medidas:

  • Cuantificar el tiempo de cada tarea. Hay que contar con la posibilidad de interrupciones, hay que anticiparse a posibles contratiempos, lo que posibilitará una mejor reacción ante ellos
  • Buscar nuestros mejores momentos del día para trabajar y también saber disfrutar de  nuestro tiempo libre
  • Evitar la tensión y el estrés. Algunos postergadores creen que producen mejor cuando su ansiedad está al máximo nivel, pero está demostrado que con elevados niveles de tensión y estrés, nuestro rendimiento desciende